2022 La belleza de lo incierto Galería Alejandro Bustillo, Banco Nación Argentina, Bs. As.

La belleza de lo incierto

Galería Alejandro Bustillo, Banco Nación

La búsqueda puede ser, a veces, la de iluminar. Esta vieja idea de buscar la escultura en la piedra, esa laboriosa y dulce tarea de develar. Pero en la pintura de Majo Caporaletti parece invertirse el procedimiento, como si el ejercicio fuese velar la blanca estridencia del lienzo, la diáfana mentira de la claridad. Algo busca salir a la pesca de lo que sólo puede mostrarse así, de lo que sólo aparece al cubrir, del misterio que sólo una luz opaca es capaz de hacer aparecer. Hacer aparecer el misterio es la tónica aquí, no revelarlo. Ocultar para que algo aparezca en lo incierto que se abre. La figura y el fondo se confunden, una mirada adherida a puntos imposibles. Aparece un contacto inesperado. Algo propio se dice, en secreto.

Uno ha pintado el mundo sobre sí mismo, y no a sí mismo sobre el mundo. (Deleuze y Guattari)

Recorrer estos óleos es adentrarse en un bosque húmedo. Caminarlo. Componer con el paisaje. Dejar que algo nuestro componga con él. Escuchamos los pasos de alguien, de algo que camina en la oscuridad. Algo está siendo tocado, algo nos toca, algo tocamos. El entorno se nos vuelve parte, se nos vuelve propio, sin dejar de ser, al mismo tiempo, de una misteriosa ajenidad inapresable.

Pareciera que en ese territorio hay que perderse, enredarse entre las raíces para encontrar el estanque de las ranas, devenir silencio para escuchar el grito de un zorro, dejarse afectar por una mirada para reconocernos, escuchar la voz interna que se reconoce en esos animales, en esas mujeres. Algo en estas pinturas nos acerca al secreto. ¿Qué ha pasado? La obra de Majo Caporaletti está relacionada fundamentalmente con un secreto (no con una materia o con un objeto del secreto que habría que descubrir, sino con la forma del
secreto que permanece inaccesible.

Algo parece siempre a punto de dar el salto, de arrojarse, de abrirse a una dimensión más concreta, más sustancial, más tangible. Pero la obra permanece en el silencio, en la fuerza de eso, que es traído a la punta de la lengua. Eso que se puede decir sólo de esa forma, esto que sólo se puede evocar, decir a través de lo incierto. Un despliegue del misterio que nos deja expectantes frente a algo que no se resuelve, y nos lleva a preguntar, otra vez, ¿Qué ha pasado?

Cuando algo sucede, el yo que lo esperaba está ya muerto, o el que tendría que esperarlo, todavía no haya llegado.

Sebastián Bru